Rez Infinite

released on Oct 13, 2016

The ultimate version of Sega's psychodelic rail-shooter adventure Rez, fully remastered and evolved, including VR support and additional new content, all by members of the original development team


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これはVRでやれたら楽しいだろうなというゲームだったのでVRでできるのは素晴らしい。


This review contains spoilers

information overload and the post truth age it causes can and will easily lead one down a disconnect existential rabbit hole, a never-ending cycle of unanswerable questions and half-truths, Eden had to suffer through the cold, dour world of logic and pure facts, information overload caused her to snap and fall to a self induced slumber to numb the pain until the player awakened her through making simple contact and touch, a feeling she hasn’t experienced before, which awakened her to the ultimate realization, human connection and bonds are what truly matter in the end. Its a tragedy that Eden will only ever experience a fraction of that connection, she’s forever locked within the cold, jagged, emotionless world of truth. post modern existence and the digitization of life would only humanity lead down a terrible road.
the upgrade system dubbed evolution is a unique and genius way of tying the game’s themes into the gameplay as can be seen in how the player constantly evolves and de-volves due to numerous attacks from corrupted data, loss of oneself is quick to happen, and slow to regain.


-|-TRANCE IS DEAD-|-

Es ese tipo de situaciones. Ese tipo de experiencias donde los sueños nauseabundos de hegemonía y estancamiento positivo, de control de infinitas probabilidades relacionadas a la generación de dopamina y serotonina, se rompen como gotas de agua al impactar el asfalto. O, en este caso, las representaciones cuantificables del ciberespacio. Líquido y abundante en sermoneos. O lo entiendes, o no lo entiendes. O vale los dólares que pagaste, o no lo valieron, arruinando el valor en moneda por sobre el toque al corazón. Así de sencillo.

Y es que no podría ser de otra. Rez está congelado, cristalizado en un filamento del tiempo, un jeroglifo tecnológico que parece estar consciente de su propia inamovilidad. Para cuando salió, muchos lo mitificaron y varios otros le vieron las costuras, ensimismados en el pensamiento aceleracionista que engulle la creación y progreso del mundo del videojuego. Si lo comentas a pulmón, parece parodia de ingeniero comercial: Rez no vende un producto, sino una experiencia. Rez no vende un compendio de sistemas complejos que desembocan en una kinestesia corriente, pero sin límites aparentes para el avatar y su crecimiento a través de una curva de dificultad. No, Rez vende un camino historiográfico, una dimensión cerrada y directa para cometer a un mensaje bajo resonancia y sinestesia. Es el estado del arte, tan curado como pretencioso.

Es que insisto, es un desafío premeditado. Un coup d’etat ante las expectativas comunes del gaming; claro, no es el gran salvador que cambió la cara de los videojuegos, pero sí estuvo ubicado en la oportunidad perfecta para ser el hacedor. Y con justa razón. Las tensiones tecno-céntricas y futuristas que presenta se conllevan demasiado bien con ese afán por reconstruir la historia humana y evolución. Lo interesante aquí es que Rez, en sus cinco stages tradicionales y clásicas, no es más que el debate nada nuevo del ignorar el avance del estado natural de las cosas versus la resistencia. El trance es un género de música resiliente: nació de las proyecciones psicodélicas del antiguo estado del arte contemporáneo, las cacofonías y centellas ambientales de Tangerine Dream y la flota espacial, siendo reformuladas por el acid del Reino Unido, siendo estos también reformulado en los Robert Miles, los Gigi D’Agostino y el post-Paul Van Dyk. No obstante, sigue ahí, reafirmándose como una rama del estilo urbano aficionado con cada década que pasa. Y aún así, el trance se siente nostálgico, como si se hubiese ido hace mucho tiempo. El trance, y en especial el upbeat trance, entrama los deseos utópicos pero nerviosos de una humanidad que parecía al borde de su iluminación en el Y2K. Un paso visual, arquitectónico, sumamente hedonista, pero también una reestructuración del paso del tiempo: cada vez vamos más rápido y las imágenes de Kandinsky, el sentido aventurero de Space Channel 5 y el espectral saludo del nuevo milenio en la portada de Evanescence se hacen más duraderos en nuestra mente.

Falsa nostalgia. Verdadero terror. Más cómodo pensar que lo que viene no podría ser mejor.

Esto es lo que trata Rez, o “Resurrección”, en su energía mimética reminiscente del éxtasis y recogida de la esperanza de nuestras vidas saliendo de 1999. Es una cuestión que varios videojuegos han tratado; infame es Ridge Racer Type 4. Rez es mucho más explícito, encapado e invisible como estándar de lo que pasarían a ser los walking simulators o los jueguitos de niño indie. La evolución e iluminación es un concepto clave. Las 4 primeras áreas que visitamos recorren, a través de gráficos abstractos, wireframe o puntillista, los estadios reconocibles de la civilización humana. Disparo tras disparo en un shooter de rieles que sigue siendo una experiencia que no se ha replicado con exactitud. Como los hackers que somos, tratando de despertar a Eden, estamos explorando un compendio sideral de información casi infinita, recabada por miles de años y que nos ubica en una línea de millones de más años, reconocimiento nuestro estado diminuto en el universo. En este y en el verdadero. Es genérico en principio, pero su apariencia tiene intenciones que te huelen la cara.

Pero, de todas maneras, seguimos ahí. Moviendo el cuerpo rítmicamente, los dedos en barra brava, frente en alto, sudada y cansada. En trance, esperando el futuro. No es alienígena que nuestro avatar sea una bola perimétrica, un monigote hecho por líneas, volviéndose cada vez más antropomórfico y zen. El Área 5 no podría ser más clara o desaparecería; hemos unido las piezas que definen lo que somos, mientras nos cuenta definir qué es exactamente Eden a este punto. El manual nos da la pista: ha ganado conciencia de sí misma. Despertarla significa sacarla de su ignorancia forzosa, de que avance al siguiente estado evolutivo junto a nosotros, hombre y tecnología. O quizá… evitar el problema y asesinarle. Arrancarle de raíz y que las personas sigan su rumbo sin seguir mirando el pasado.

Ambas conclusiones son tan apocalípticas como llenas de ilusión.

Así, el Área X, exclusiva de Rez: Infinite, se nos deja como un regalo provenido del final que ya conocemos. Los circuitos y pantallas táctiles se ciñen a la musculatura y coordinación ojo-mano, el cerebro tiene otros cerebros artificiales acompañándole. No hemos parado de avanzar y nuestros amigos de litio y aluminio tampoco. Área X se viste del actual futuro: colores rimbombantes, escalas de estrellas infinitas y un negro tan vacío que nos asfixia. ¿Alguna vez has pensado que la humanidad llegó a su límite, para ser pujado un poco más otra vez? Aún así, el universo parece extenderse y volverse menos entendible. Más… negro. El Área X es fiel a este principio y, de todas formas, nos emociona. Las pulsaciones musicales del trance, que debería estar muerto y sólo reencarnado en el algoritmo leviatán de YouTube Music, se hace rey y reinado. Una figura femenina, flameante y progenitora, nos abraza con una batalla campal de balística y euforia. Su corazón siendo el objetivo de nuestros combos; su alma siendo arrebatada, por una vez más, para tratar de despertar el sueño del milenio perfecto y deslumbrante que nos mostró Rez circa 2000. Y lo dije en Ridge Racer V: No va a llegar. Es un final… fatalista, pero romántico a la vez. Rez difunto. Con un Área X, añadiendo cambios que no eran necesarios, pero a la vez exigiríamos porque es lo que hacemos.

Reconecta con tu mando como nunca. Explora tus sentidos. No te dejes engatusar, por una vez, por los vicios del querer más y mejor, indignando el valor del arte por sí mismo. Los videojuegos no tienen que ser como Rez para ser arte, pero Rez es arte que no tiene que ser como otros videojuegos. Bienvenido.

-|-LONG LIVE TRANCE-|-


A story is taking place. Do I understand it? I want to. I want to so badly.